Fue en 2003, al tiempo que yo terminaba mi último año de secundaria, que mis papás decidieron comprarme un teléfono celular. Ya varios de mis compañeros y amigos andaban perfectamente comunicados entre sí por estos aparatitos. Era la edad de la punzada y cualquier manera de mostrarse mejor que los demás era fundamental, entonces para compensar el delay, me manché con mis papás y les pedí el codiciadísimo T86i. Recuerdo bien que cumplió su cometido por tener las siguientes características:

1. Pantalla a color.
2. Cámara (accesorio).
3. Texto predictivo (magic word).
4. Juegos (diferentes, pero no mejores a la serpientita nokiaera)
5. Sonidos polifónicos.
6. Infrarrojo (aunque de eso no estoy tan seguro).
Y la neta no me acuerdo de qué otra cosa tenía, eso fue ya hace 6 años. Lo que sí recuerdo bien es cómo lo cuidaba y como sufrí cuando le hice su primer desperfecto. Ojalá solo hubiera sido un rayón a la carcasa, un botón borrado, cualquier otra cosa diferente a la que yo le provoqué. Era martes.
Tres de mis amigos de la cuadra y yo veníamos de regreso de una cancha de fútbol rápido en Los Galeana, habían pasado pocos meses desde que yo me había mudado a esa calle donde los conocí pero teníamos ya una amistad bastante especial. Un par de semanas antes, les había pedido que me enseñaran a subirme y bajarme del microbús con estilo, porque la neta yo siempre he sido un poco muy bestia para eso de la coordinación corporal (por eso no bailo!), Dios me negó eso de la inteligencia kinética pero aún así me gusta intentar cosas nuevas. El micro provi-valle sería mi instructor y el regreso de la cascarita era la primera oportunidad.
Como es normal a las 6 y algo de la tarde, el camión venía llenísimo y nosotros no hacíamos nada más que hablar y decir muchas tonterías, incluso alguno que otro de los usuarios se rieron en más de una ocasión. El camino del deportivo a la casa era muy rápido, 15 minutos en aquel camión y cuando estuvimos ya a unos metros de nuestra bajada, Ismael me dijo que me acercara a la puerta del camión y cuando él me agarrara el hombro, yo tenía que bajarme del camión en movimiento, seguir haciendo el movimiento de caminata para evitar partirme el hocico al poner los pies en la tierra.
Tocamos el timbre para que nuestro amigo del volante se acercara a la esquina y bajara la velocidad. Desde que sonó el timbre, empecé a sentir mucha adrenalina corriendo por este cuerpazo-de-guerrero-azteca (jaja!), repetía para mi mismo muchas veces "al aterrizar, seguir caminando", no parecía algo tan complejo.
LLegó el momento de la verdad, sentí una mano sobre mi hombro y sin pensarlo dos veces me aventé un salto de unos 45 cm al suelo asfaltoso y en menos tiempo de lo que esperaba, sentí como la inercia se llevaba mi cuerpo, con todo y que seguí los pasos que me habían dicho. Cada vez estaba más cerca del piso y simplemente me preguntaba qué era lo que había salido mal. Ya no había vuelta atrás, seguí caminando y cuando noté que no había poder humano que me librar de la pena de saltar de un camión y caerme, un instinto gatuno surgió de mis adentros y di una vueltecita-anarco-mérol (estilo el tigre de Santa Julia); el resultado fue mucho menos desastroso, ya que no me lastimé y no se vio tan triste.
Mis amigos bajaron del camión y yo ya estaba incorporándome, ellos estaban simplemente cagados de risa y yo algo molesto con elos, porque entre sus carcajadas me dijeron que el camión todavía iba muy rápido y que no pensaron que yo fuera a aventarme en esas circunstancias. Uno de ellos me preguntó si estaba bien y contesté que sí, aunque seguía revisando si tenía todos los dedos, los dientes, los ojos, los cabellos... Todo seguía en su lugar.
Nunca he sido una persona de relojes, por lo que desde que cargo conmigo un teléfono celular lo veo mucho para saber qué hora es. Quise revisar la hora después de acabar con las carcajadas -que ya me habían contagiado- y... Noooo!! La caída le causó un moretón al display! Cuando recién sucedió me sentía muy mal por haberle hecho ese daño al teléfono, sentía como si no se pudiera ver nada sobre la pantalla, con el tiempo me di cuenta que era una bolita mínima, que nunca se quitó, pero que aprendí a vivir con ella por unos 2 años y medio más, más o menos.
Lo aprendido en aquella ocasión fue: "Nunca te avientes de un microbús si tus amigos te dicen que lo hagas, y menos cuando son igual de malandrines como tú"

1. Pantalla a color.
2. Cámara (accesorio).
3. Texto predictivo (magic word).
4. Juegos (diferentes, pero no mejores a la serpientita nokiaera)
5. Sonidos polifónicos.
6. Infrarrojo (aunque de eso no estoy tan seguro).
Y la neta no me acuerdo de qué otra cosa tenía, eso fue ya hace 6 años. Lo que sí recuerdo bien es cómo lo cuidaba y como sufrí cuando le hice su primer desperfecto. Ojalá solo hubiera sido un rayón a la carcasa, un botón borrado, cualquier otra cosa diferente a la que yo le provoqué. Era martes.
Tres de mis amigos de la cuadra y yo veníamos de regreso de una cancha de fútbol rápido en Los Galeana, habían pasado pocos meses desde que yo me había mudado a esa calle donde los conocí pero teníamos ya una amistad bastante especial. Un par de semanas antes, les había pedido que me enseñaran a subirme y bajarme del microbús con estilo, porque la neta yo siempre he sido un poco muy bestia para eso de la coordinación corporal (por eso no bailo!), Dios me negó eso de la inteligencia kinética pero aún así me gusta intentar cosas nuevas. El micro provi-valle sería mi instructor y el regreso de la cascarita era la primera oportunidad.
Como es normal a las 6 y algo de la tarde, el camión venía llenísimo y nosotros no hacíamos nada más que hablar y decir muchas tonterías, incluso alguno que otro de los usuarios se rieron en más de una ocasión. El camino del deportivo a la casa era muy rápido, 15 minutos en aquel camión y cuando estuvimos ya a unos metros de nuestra bajada, Ismael me dijo que me acercara a la puerta del camión y cuando él me agarrara el hombro, yo tenía que bajarme del camión en movimiento, seguir haciendo el movimiento de caminata para evitar partirme el hocico al poner los pies en la tierra.
Tocamos el timbre para que nuestro amigo del volante se acercara a la esquina y bajara la velocidad. Desde que sonó el timbre, empecé a sentir mucha adrenalina corriendo por este cuerpazo-de-guerrero-azteca (jaja!), repetía para mi mismo muchas veces "al aterrizar, seguir caminando", no parecía algo tan complejo.
LLegó el momento de la verdad, sentí una mano sobre mi hombro y sin pensarlo dos veces me aventé un salto de unos 45 cm al suelo asfaltoso y en menos tiempo de lo que esperaba, sentí como la inercia se llevaba mi cuerpo, con todo y que seguí los pasos que me habían dicho. Cada vez estaba más cerca del piso y simplemente me preguntaba qué era lo que había salido mal. Ya no había vuelta atrás, seguí caminando y cuando noté que no había poder humano que me librar de la pena de saltar de un camión y caerme, un instinto gatuno surgió de mis adentros y di una vueltecita-anarco-mérol (estilo el tigre de Santa Julia); el resultado fue mucho menos desastroso, ya que no me lastimé y no se vio tan triste.
Mis amigos bajaron del camión y yo ya estaba incorporándome, ellos estaban simplemente cagados de risa y yo algo molesto con elos, porque entre sus carcajadas me dijeron que el camión todavía iba muy rápido y que no pensaron que yo fuera a aventarme en esas circunstancias. Uno de ellos me preguntó si estaba bien y contesté que sí, aunque seguía revisando si tenía todos los dedos, los dientes, los ojos, los cabellos... Todo seguía en su lugar.
Nunca he sido una persona de relojes, por lo que desde que cargo conmigo un teléfono celular lo veo mucho para saber qué hora es. Quise revisar la hora después de acabar con las carcajadas -que ya me habían contagiado- y... Noooo!! La caída le causó un moretón al display! Cuando recién sucedió me sentía muy mal por haberle hecho ese daño al teléfono, sentía como si no se pudiera ver nada sobre la pantalla, con el tiempo me di cuenta que era una bolita mínima, que nunca se quitó, pero que aprendí a vivir con ella por unos 2 años y medio más, más o menos.
Lo aprendido en aquella ocasión fue: "Nunca te avientes de un microbús si tus amigos te dicen que lo hagas, y menos cuando son igual de malandrines como tú"

1 voces comentando:
hahahahhahaha tus cosaaas hahahahah ayy... ademas te acuerdas de cada detallito :]
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