Nervios de acero

Mi hermano está aprendiendo a manejar y soy el encargado de ir de copiloto para aguantar vara cuando le fallen las maniobras, las reglas implícitas de vialidad, en fin, estar ahí para que agarre confianza a sus habilidades como conductor hasta que pueda andar solo en esta jungla de asfalto llena de locura, microbuseros y taxistas.

Hoy fuimos a ver lo de su trámite para el servicio militar y como está relativamente cerca de donde vivimos, le dije que se llevara el coche. El camino de ida ocurrió sin mayores contratiempo, no se apagó el coche y la estacionada -que normalmente es la más perra- tampoco representó mayor problema. Tratamos de hacer el trámite pero los huevones malditos hijos-de-pu que dicen que no hay trámites hasta el lunes.

En el regreso tuvimos que hacer una escala en la panadería. Fue un poco mucho más complejo. Primero llegamos a un cruce donde convergen 5 vías. Es un excelente ejemplo de las genialidades de la ingeniería y vialidad que existe en Ciudad Chilangótica. Espero pronto tomar una foto del lugar. Eran cerca de las 10.30 am y no había tanto tráfico, así que la banda se aventaba para poder cruzar sin tanta precaución.

Mi hermano cruzó la primera mitad sin ningún problema, la segunda mitad fue otra historia. Se arrancó y enseguida se le apagó el coche, pedí que conservara la calma y que lo prendiera para pasar. Cuando se preparaba para avanzar, no volteó para ningún lado y casi chocamos con un taxi (y bueno, el taxi obviamente aventó la lámina para pasar primero que nosotros).

Le pedí con la poca calma que me quedaba que frenara pero lo hacía muy lento, la verdad es que pensé que sí le iba a pegar. Afortunadamente no pasó a mayores. 100 metros después, había que dar una vuelta en U para llegar a la panadería. Miguel no volteó a ver los coches que venían en el carril al que se incorporaría, una vez más sentí que le pegábamos a un stratus gris. Ahora con menos paciencia y confianza en él, le dije con un poco más de energía que frenara, se lo tuve que decir varias veces porque no hacía nada al respecto.

Pocos segundos después, ya que lo noté muy alterado por su rachita de dos acercamientos a una colisión le dije que la neta maneja bien, pero tiene que aprender más sobre esas ondas de quién tiene prioridad en cada carril, etc etc. Me dijo algo angustiado que se sentía todavía muy wey para eso de andar tras el volante; me sentí un poco mal porque talvez le hablé con mucha fuerza cuando casi le marcaba la placa al coche frente al nuestro.

Los días venideros saldré con él para que siga agarrando nivel y perdiéndole el medio a todos y cada uno de los 2 millones de vagos que salen diariamente a Ciudad Chilangótica. Prometo aguantar más vara.

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