Sinceramente pensé que esos pleitos te-veo-a-la-salida se habían quedado en la secundaria, o talvez en la prepa si eras de esos brothers medio-acá que te querías reventar a cualquier otro colega no'más porque según tú te vio feo, porque saluda de beso a tu chica, porque te manchó en frente de todo el grupo... La verdad es que yo soy más de la onda cero-pedos y aunque soy muy sarcástico y manchado con la gente (amigos y enemigos, viejos y jóvenes, altos y chaparritos, feas y guapas, divertos y aburridos... la verdad es que yo agarro parejo contra todos), nunca busco una bronca con mis comentarios medio lascivos e hirientes, sino más bien lo hago para que la gente se ría y que tambíen aprendan a reirse de sí mismos, y sinceramente yo soy la primer víctima de mis ocurrencias agridulces.
Todo esto te lo platico porque en una de mis clases de ayer pasó algo muy relacionado con esto. En esta clase la profesora se toma los últimos 5-10 minutos de clase para preguntar sobre lo aprendido en la misma y si contestas correctamente, te ganas un crédito extra que sirve como un puntito extra (de cien) para el parcial, así como en la primaria.
La verdad es que no soy ningún genio y menos un alumno ejemplar, pero la clase tampoco representa algún reto ultrahumano, entonces cuando pregunta, puedo estar seguro de ser capaz de contestar el 90% de las preguntas. Desafortunadamente soy algo salado y la maestra sólo me ha preguntado una vez. Es algo triste, mi inteligencia se ha desperdiciado. Jajaja.
El relajito comenzó en esta serie de preguntas, uno de mis compañeros contestó algo así como "¿2x4?" - "8", pero en el ámbito de las redes computacionales. La verdad es que estaba molesto con mi mala suerte por no tener una pregunta fácil (o mejor dicho, no tener una pregunta en realidad) y dije en voz alta "Entonces a mí pregúntame los colores". Salieron un par de risas. 4 segundos después siento sobre mí una mirada pesada e impertinente, los ojos pertenecían al colega que contestó "8".
Al principio decidí no voltear a verlo, no merecía mi atención y además mi comentario no tenía nada que ver con su respuesta, sino con la suerte de tener la pregunta fácil (repito, la suerte de tener al menos una pregunta que contestar). La mirada no se iba de mi cara y entonces opté por enfrentarla. El colega me seguía viendo y amablemente le regalé mi mejor sonrisa; mala idea, lo hice enojar más (aunque talvez esa era mi intención).
Seguía viéndome y volví a verlo para ver qué tenía que decirme, la conversación fue más o menos así:
Él: "¿Qué dijiste?"
Yo: "Lo que oiste, todo chido we, sin broncas"
Él: "¡¿Qué dijiste?!"
....
Él: "¡Aguas, eh!"
Yo: "Sí we, aguas... aguas"
Él: "¿¡Qué?!"
Yo: "¡Que sí! Aguas."
Me dio mucha risa, primero porque era algo que ni siquiera estaba pensado para mancharlo. Segundo porque me veía de una manera en la que recordé cómo me dice mi mamá que me veo cuando hago corajes o estoy enojado "si tus ojos fueran pistolas, ya hubiera caído muerta". Tercero porque cree que por estar inflado -no mamado- me va a apantallar y podrá contrarrestar 21 años de ser una persona sarcástica y fanática de decir cosas medio gandallas (insisto que no es en mala onda, sino que es más como un reflejo). Cuarto porque él se da el lujo de reirse de mis comentarios cuando se refieren a otras personas... en fin. Hay gente loca en esta vida.
Lo más curioso aún es que hace un año, también tuve que llevar una materia con él y sucedió algo similar. El profesor nos entregó una guía que habría que entregar como derecho de examen y -si vas a la universidad es porque estás en lo que te gusta (la mayoría de las veces) y le echas átomos para que salgan bien las cosas, no? Al menos das lo mínimo necesario para cumplir, o eso digo yo- el colega dijo que estaban muy difíciles los ejercicios y que debería poner menos.
Una vez más una fuerza ajena a mi conciencia expulsó un comentario de mi bocota, el cual decía más o menos así: "Pues si no sabes ni qué onda con la clase, todos los ejercicios son difíciles". La verdad es que ése sí fue mucho más directo y mucho más pesado, en esa ocasión tuvo una reacción similar, la cual no me sorprendió, era hasta cierto punto lógico que así sucediera. Lo bueno es que con el tiempo él demostró que es de esas personas chinga-quedito que a nadie le caen bien (de verdad que a nadie) y ni modo. Él no piensa aguantar vara y yo no pienso cambiar mi forma de ser. Ya veremos cómo se dan las cosas.
Todo esto te lo platico porque en una de mis clases de ayer pasó algo muy relacionado con esto. En esta clase la profesora se toma los últimos 5-10 minutos de clase para preguntar sobre lo aprendido en la misma y si contestas correctamente, te ganas un crédito extra que sirve como un puntito extra (de cien) para el parcial, así como en la primaria.
La verdad es que no soy ningún genio y menos un alumno ejemplar, pero la clase tampoco representa algún reto ultrahumano, entonces cuando pregunta, puedo estar seguro de ser capaz de contestar el 90% de las preguntas. Desafortunadamente soy algo salado y la maestra sólo me ha preguntado una vez. Es algo triste, mi inteligencia se ha desperdiciado. Jajaja.
El relajito comenzó en esta serie de preguntas, uno de mis compañeros contestó algo así como "¿2x4?" - "8", pero en el ámbito de las redes computacionales. La verdad es que estaba molesto con mi mala suerte por no tener una pregunta fácil (o mejor dicho, no tener una pregunta en realidad) y dije en voz alta "Entonces a mí pregúntame los colores". Salieron un par de risas. 4 segundos después siento sobre mí una mirada pesada e impertinente, los ojos pertenecían al colega que contestó "8".
Al principio decidí no voltear a verlo, no merecía mi atención y además mi comentario no tenía nada que ver con su respuesta, sino con la suerte de tener la pregunta fácil (repito, la suerte de tener al menos una pregunta que contestar). La mirada no se iba de mi cara y entonces opté por enfrentarla. El colega me seguía viendo y amablemente le regalé mi mejor sonrisa; mala idea, lo hice enojar más (aunque talvez esa era mi intención).
Seguía viéndome y volví a verlo para ver qué tenía que decirme, la conversación fue más o menos así:
Él: "¿Qué dijiste?"
Yo: "Lo que oiste, todo chido we, sin broncas"
Él: "¡¿Qué dijiste?!"
....
Él: "¡Aguas, eh!"
Yo: "Sí we, aguas... aguas"
Él: "¿¡Qué?!"
Yo: "¡Que sí! Aguas."
Me dio mucha risa, primero porque era algo que ni siquiera estaba pensado para mancharlo. Segundo porque me veía de una manera en la que recordé cómo me dice mi mamá que me veo cuando hago corajes o estoy enojado "si tus ojos fueran pistolas, ya hubiera caído muerta". Tercero porque cree que por estar inflado -no mamado- me va a apantallar y podrá contrarrestar 21 años de ser una persona sarcástica y fanática de decir cosas medio gandallas (insisto que no es en mala onda, sino que es más como un reflejo). Cuarto porque él se da el lujo de reirse de mis comentarios cuando se refieren a otras personas... en fin. Hay gente loca en esta vida.
Lo más curioso aún es que hace un año, también tuve que llevar una materia con él y sucedió algo similar. El profesor nos entregó una guía que habría que entregar como derecho de examen y -si vas a la universidad es porque estás en lo que te gusta (la mayoría de las veces) y le echas átomos para que salgan bien las cosas, no? Al menos das lo mínimo necesario para cumplir, o eso digo yo- el colega dijo que estaban muy difíciles los ejercicios y que debería poner menos.
Una vez más una fuerza ajena a mi conciencia expulsó un comentario de mi bocota, el cual decía más o menos así: "Pues si no sabes ni qué onda con la clase, todos los ejercicios son difíciles". La verdad es que ése sí fue mucho más directo y mucho más pesado, en esa ocasión tuvo una reacción similar, la cual no me sorprendió, era hasta cierto punto lógico que así sucediera. Lo bueno es que con el tiempo él demostró que es de esas personas chinga-quedito que a nadie le caen bien (de verdad que a nadie) y ni modo. Él no piensa aguantar vara y yo no pienso cambiar mi forma de ser. Ya veremos cómo se dan las cosas.

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